Día de la Cultura Cubana, Día de la Identidad Cubana
La cultura, o es sincera, o es sepultura.

La cultura cubana debe su fecha celebratoria a la primera vez que se cantó el Himno de Bayamo escrito por Pedro Figueredo en un espacio público, el 20 de octubre de 1868. Esto es conocimiento general entre nacionales.

La elección de tal fecha se debe a que, si bien el ethos de la identidad cubana es rico y destaca por su mixtura de elementos, la concreción de un sentimiento nacional propio, como en muchos países latinoamericanos que sacudieron el dominio del imperio español, bebe de paradigmas liberales inspirados en la revolución francesa de fines del siglo XVIII.

No es sorpresa entonces que el himno, uno eminentemente combativo, se entonara solo diez días después del levantamiento en la Demajagua, evento que sella el Día de la Independencia de Cuba, ya que si bien en carácter formal Cuba no sería instituida como república hasta 1902, el alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes y sus esclavos en la Demajagua fue el acto desencadenante de la lucha organizada, activa y masiva por la liberación de los cubanos, un proceso que representó casi treinta años de pugnas entre facciones y poderes de España, Cuba y, hacia el final de las contiendas, los Estados Unidos.

Es así que, vinculada inexorablemente al carácter de lo cubano, en su médula, está la rebeldía. La voz propia fue moldeada por una causa de lucha, y esa lucha, en sus variadas acepciones, se manifiesta en los grandes procesos históricos, así como en la cotidianidad de las cubanas y los cubanos.

*

El nacimiento de una consciencia nacional admite una analogía con el desarrollo de un niño que va aprendiendo a reconocer su individualidad y que, llegado a cierto período, requiere separarse de sus padres para continuar explorando su propio camino lejos de los designios del patriarca –salvando las distancias, pues una lucha armada supera en escala de violencia y destrucción a los conflictos interpersonales que pueden resolverse por la vía de la comunicación o el distanciamiento.

Si bien son el 10 y el 20 de octubre fechas cúspides en el paladar celebratorio de todas las cosas patrióticas de la nación, ha de entenderse que no corresponde a un correcto estudio de la historia el análisis de fechas aisladas. Previo a la segunda mitad del siglo XIX en Cuba acontecieron insurrecciones conformadas por diversos grupos sociales: esclavos, comerciantes, campesinos y aristócratas todos, buscando una solución a sus conflictos económicos y de libertades individuales o colectivas. Pero estas rebeliones estaban impulsadas por las transformaciones en el pensamiento, influido a su vez por ecos de voces foráneas y las dinámicas económicas que condicionaban las relaciones con la metrópoli.

Si de pensamiento se trata, antecedentes de Humanismo e identidad criolla corresponden a Félix Varela y José de la Luz y Caballero, el primero siendo un promotor de la corriente independentista y germen de brío nacional que marcaría generaciones siguientes entre las que, por vasta mayoría, se toma a Martí como el exponente filosófico más inspirador y representativo de la cubanía. Con Martí, y esto es decir con Martí y su época, le fue legado al cubano el más invaluable de sus patrimonios: su sensibilidad y anhelo de compartir un marco común de dignidad.

*

En términos más etnológicos, lo cubano no puede existir sin lo criollo. La definición académica ubica al criollo como aquella persona nacida en antiguos territorios españoles de América. Esto implica varios elementos clave: el criollo nace de la hispanidad o de un entorno en contacto ardoroso con ella; el criollo es heterogéneo en su ascendencia; el criollo es fundamentalmente americano.

Si descomponemos estos tres aspectos más allá, vemos que el criollo pertenece a una amalgama de etnias y culturas diferentes: los diversos pueblos de la América precolombina –desde los imperios mayas, incas, aztecas y sus habitantes subyugados hasta las diásporas de los arahuacos en el Caribe insular y continental–, los diversos pueblos africanos introducidos por la trata negrera y cuyos grupos mayormente provienen de África subsahariana occidental, y los diversos pueblos que conforman el crisol de la identidad española en su mayor parte, pero también portuguesa e italiana, quienes, a su vez, proceden de una larga línea de asimilación entre civilizaciones y pueblos mediterráneos, celtas y semíticos.

De esta colorida hibridez y las condiciones desiguales de establecimiento de estos pueblos –unos conquistados y desplazados, otros conquistadores y más avezados en la técnica y más conectados con el mundo; unos esclavos y traídos forzosamente; otros privilegiados, etc. – hay dos constelaciones comunes: el asentamiento en una sola región geográfica y subregiones muy cercanas entre sí, y la lengua, los hábitos y las creencias del pueblo español.

Si aplicamos esto a la identidad cubana, obtenemos una criollez que ha transitado por un proceso de endemismo similar en dinámica a otros pueblos modernos americanos. Si bien se habla el español, se practican religiones de origen europeo y africano, se practica una culinaria basada en recetas de ancestros y la conducta social, el humor y el entendimiento del honor, el machismo, la competitividad, la solidaridad, la familia y la fuerza de voluntad están muy ligados a sus orígenes, el conjunto de experiencias a lo largo de generaciones que comparten un espacio común, más bien el devenir ontológico de la identidad cubana, con sus conflictos, obstáculos, deseos y orgullos sostenidos, ha resultado en la singularidad de carácter, algo que se expresa en cosas tan cotidianas como el habla, que incorpora voces del taíno y el siboney y emplea construcciones, neologismos y localismos únicos, así como en fenómenos estructurales y supraestructurales de la sociedad como los estereotipos y prejuicios de diversa índole, la relación de los ciudadanos con su medioambiente e historia, y el marco legal y la burocracia.

*

Como habrá advertido quien lee, la cultura no se refiere en exclusivo a las manifestaciones artísticas, sino que engloba el sentimiento, las actividades económicas, las relaciones interpersonales y los procesos políticos que justifican la existencia de una nación, que determinan los designios de un proyecto societario, así como los entresijos o las afinidades de un individuo con este.

No obstante, arte es lo que sangra por las puntadas que la sociedad cose en su carne herida, es la persistencia de los contornos de un abrazo bajo un rayo de luz que encapsula en la belleza todo el espectro de la emoción humana. Y las emociones, cuando adquieren carácter prolongado en el tiempo tienden a la sistematización, convirtiéndose así en sentimientos. Ese sentimiento muy oriundo se plasma en la creatividad y autenticidad de los artistas cubanos de todas las expresiones. En la música, la danza y las artes visuales y escénicas con más reconocimiento internacional, Cuba destaca por la calidad de sus profesionales y aficionados. Tanto desde allí como desde el cine y la literatura, las cubanas y los cubanos parecen no solo contar con habilidades sobradas para contar una historia y transmitir sensaciones intensas con su propia sazón, sino que cosechan de ello un goce casi equiparable a la sensación de plenitud que, a ratos, pudiera proveer asilo la palabra felicidad. Es así que el propio cubano reconoce y bromea con su propia capacidad para el drama y la exacerbación del carácter, tanto que es inevitable mencionar el rol vital de la comedia, la parodia, el humor, la broma en la cultura cubana, si bien desprovista de empatía e inteligencia puede resultar en que el cubano, a decir, se presume, de Máximo Gómez, “si no llega, se pasa”.

Y aunque las frases populares son reduccionistas y para nada axiomáticas, algunas incluso tienen su raíz en prejuicios raciales y de género, proceden de un contexto ajeno al presente, uno de constantes y acelerados cambios a nivel global, las frases populares domésticas son una ventana provechosa al estudio del desarrollo de la sociedad cubana. Incluso, para beneficio o detrimento de los círculos, bien aquellos que producen y reproducen la cultura, bien aquellos que intentan en vano regularla o amoldarla a sus agendas, en el panorama musical cubano, sobre todo aquel más alejado de los circuitos de promoción tradicional, surgen o se divulgan con mayor rapidez y masividad nuevas frases y términos que añaden nuevos matices a la forma de las cubanas y los cubanos de entender su lengua y lenguaje y, por ende, de relacionarse con el mundo alrededor de ellos.

Tal vez algunas culturas no puedan no gozar de la misma alta autoestima que en tiempos pasados debido a la hegemonía de las industrias transnacionales y por consiguiente de la proliferación de paradigmas estéticos y mercantiles estandarizados o que subvierten símbolos de una cultura específica y ajena a posta de la pérdida de las identidades locales.

La cultura cubana enfrenta obstáculos en ese sentido, y al mismo tiempo tiene mucho de lo cual beneficiarse –como ha sido desde sus años infantes. Bastará para decidir de qué lado cae la balanza que la cultura sea o no sincera con su tiempo y deseos, sin caer en procesos de autoengaño que favorecen un ejercicio mecanizado y superficial de los discursos y las narrativas, que llenan el alma y los oídos de tejido fibroso. En caso de perseguir el camino de la sinceridad, las personas deberán elegir ser más sinceras entre ellas y para con ellas mismas. Y esto en realidad no es cuestión de dicotomía a pesar de haberse formulado así. La cultura, o es sincera, o es sepultura.

Feliz día de la cultura cubana.

Identificarse to leave a comment


La villa de San Carlos y San Severino de Matanzas, o a dónde va el deseo luego de 330 años
A 330 años de fundada, la ciudad de Matanzas celebra su historia y persistencia de espíritu.